Buenas prácticas en Educación Superior: del casete a la IA: un relato de experiencias en accesibilización de material didáctico
- Ana María Guerrero

- hace 2 días
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Actualizado: hace 15 horas
Ana María Guerrero es Profesora Universitaria en Filosofía por la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), Especialista en Filosofía Política (UNGS), Diplomada en Género y Políticas Públicas (UNGS) y Maestranda en Género y Derechos (UNGS). Es activista disca perteneciente a la Colectiva “Nuestros Derechos en Foco”.
ANA MARíA GUERRERO

En el año 2008 debido a una dolencia en mis ojos asistí a la Fundación de la Clínica Oftalmológica del Dr. Nano, donde conocí a una estudiante ciega con quien compartía las actividades de rehabilitación. Ella me contó que estaba cursando la carrera de Profesorado de Historia en la Universidad de General Sarmiento (UNGS) y me interesó la idea de estudiar en esa Universidad, pero me preocupaba no poder leer los materiales.
LA BIBLIOTECA SONORA
Me acerqué a la UNGS para informarme sobre los modos de adecuación de los materiales de estudio. Allí me dijeron que recibiría los textos en audio. Recién inauguraban la “Biblioteca sonora”. En aquellos tiempos, los archivos PDF no pululaban en el universo virtual como sí ocurre en la actualidad. Así es que en la Biblioteca se hacía una tarea titánica: primero se escaneaban los libros, luego se los corregía y se editaban en texto plano para que pudiera acceder a ellos mediante el lector de pantalla (creo que utilizaban el JAWS). Después grababan los textos en CDs de 90 minutos. Una vez concluido este proceso, en mi calidad de usuaria, los retiraba para escucharlos en casa. Al final del semestre devolvía todo el material. Si bien, yo tenía un residuo visual bastante funcional, mi principal inconveniente era que no podía sostener una lectura muy extensa, dificultad suficiente como para no asumir el desafío de emprender la formación que demanda un título de grado. Recuerdo que, a la hora de regresar el material de estudio, cargaba un bolso que solía tener aproximadamente 100 CDs. Las cajas de los CD tenían cubiertas de color amarillo, con los títulos de los libros y los artículos en letras negras, grandes y de trazos muy gruesos: se utilizaba el alto contraste para las personas que teníamos baja visión. De hecho, los libros de Inglés, que en general tenían apartados escritos acompañados con cuestionarios y actividades de lecto-comprensión, lo editaban de ese modo. Actualmente, el sector de la Biblioteca dedicado a accesibilidad recibe el nombre de “Tecnologías de Apoyo a la Discapacidad “ (TAD). Allí conservan todavía algunos ejemplares de estos materiales.
EL BANCO DE LECTORES
Así cursé los dos primeros años. Los textos que me adecuaban eran solamente los obligatorios, pero no podía acceder a las lecturas complementarias. Gracias a la generosidad de muchos compañeros y compañeras, organizamos un “banco de lectores”. Compré a muy bajo precio tres grabadores digitales de los que usaban los periodistas que para esa época ya eran material tecnológico obsoleto y por eso resultaron muy económicos.
Con esos grabadores entre todos registrábamos las clases en audio y así podía estudiar escuchando una y otra vez las clases.¡Incluso las de matemáticas!
POLÍTICAS DE ESTADO
Al tercer o cuarto año, tuve que aprender a usar la computadora. En el año 2013, se hizo en Argentina un relevamiento de la cantidad de estudiantes con discapacidad que estaban matriculados en las universidades públicas: el porcentaje no llegaba al 1% del total de la población estudiantil.
Fue entonces, y en un clima de promoción de derechos que, con el objetivo de sostener y acompañar las trayectorias educativas de los estudiantes con discapacidad, fortaleciendo sus permanencias y egresos, las y los estudiantes con discapacidad de las universidades nacionales recibimos una notebook con las adaptaciones y anexos que requiriera la condición de discapacidad de cada quien. (En esa misma notebook estoy escribiendo este artículo).
Por ejemplo, en mi caso, la adecuación consistió en configurar el contraste, magnificadores de letras, lupa, y la opción de una variedad de lectores de pantalla.
UN ENTORNO NO DISCAPACITANTE
Pese a la matriz jerárquica y capacitista propia de la universidad, pude ir sorteando barreras (físicas, actitudinales, de comunicación, etcétera), pero valoro el haberme encontrado con algunos docentes que realmente, como diría Carlos Skliar, se pusieron “a disposición” con el genuino objetivo de comprender cómo ayudar a esas alteridades absolutamente remotas.
En ese derrotero, tuve el honor de conocer a la Profesora Andrea Dayan. Ella desarrolló un dispositivo denominado "GOYO", para el aprendizaje de la Lengua Portuguesa, cuyos destinatarios fuimos los estudiantes con discapacidad visual. En ese proyecto me desempeñé como validadora de la versión para usuarios de baja visión. La profesora, alineada al “modelo social” que señala que la discapacidad no reside en la persona, ni en su corporalidad o subjetividad, sino en las barreras sociales que ésta debe afrontar, con compromiso y una convicción contagiosa, siempre nos estimuló a bregar por los apoyos y ajustes razonables, a sabiendas que la accesibilidad es un Derecho Humano.
En diciembre de 2024, tuve la posibilidad de operarme con un médico muy reconocido internacionalmente en el campo oftalmológico y en mi patología. Me realizó un transplante de córnea a la que le implantó una queratoprótesis. El resultado fue muy positivo, comencé a ver y a redescubrir el mundo. Me sorprendía ver a los pájaros en los cables, detalles muy refinados de la naturaleza, los reversos de las hojas de los árboles, las líneas superficiales y profundas de sus troncos, leía los prospectos de los remedios sin ninguna ayuda óptica, en fin, algo desopilante, no se si ustedes se lo pueden imaginar. Ni hablar de lo que significó volver a ver con precisión a las personas, tenía que calibrar mi emoción frente a la epifanía de los gestos y sonrisas de las afectivamente más cercanas y apasionada por reencontrarme con aquellas que ya eran remotas en mi memoria. Esta experiencia milagrosa, delirante y maravillosa, a los siete meses se desvaneció por completo y quedé absolutamente ciega.

VOLVER A APRENDER LO APRENDIDO
En ese momento, me di cuenta de todas las operaciones que hacía en la computadora, con el teclado, las apoyaba en la vista. Entonces, tuve que volver a aprender a usar la computadora sin ver.
En medio del caos emocional, decidí tomar clases de computación con una docente ciega, Karina Gato recomendada por la Prof. Dayan. Con Karina nos conectamos por llamada de WhatsApp, usando el altavoz. Yo le iba diciendo qué deseaba hacer y ella me iba indicando los comandos. Por ejemplo, para descargar un archivo que me habían enviado por mail, “Shift+Tab”, luego presionar la tecla aplicación, finalmente, bajar con flecha abajo hasta que el lector me diga “guardar”. Al finalizar la clase, la profe me enviaba un audio recuperando todo lo aprendido. Supongo que por ser una persona grande, necesito registrar los pasos como si fuera una receta de comida. Eso es lo que hago, con los contenidos de los audios escribo mis apuntes, que además funcionan como ayuda memoria, ya que la cantidad de combinaciones que hay que sostener en la mente son inconmensurables.
IA
En la actualidad, me encuentro tomando clases de inteligencia artificial (IA) con el objetivo principal de poder integrar a las imágenes y a los contenidos visuales la audiodescripción, recurso fundamental para comprender los contextos.
LA DIVERSIDAD TIENE ALGO PARA APORTAR A LA SOCIEDAD
Para concluir, me gustaría reflexionar críticamente sobre las representaciones simbólicas que se construyen alrededor de las personas con discapacidad.
No estoy de acuerdo con la idea de romantizar ni jerarquizar las distintas condiciones. También creo que es perjudicial la promoción de discursos inspiradores que realzan los logros aislados obtenidos por méritos individuales sin considerar los contextos. El famoso mito del héroe o de la heroína.
Créanme que la ceguera es verdaderamente desoladora, pero con docentes comprometidos, con financiamiento, con políticas públicas que promuevan la accesibilidad y la construcción de comunidades educativas no excluyentes, los y las estudiantes con discapacidad podremos desarrollar nuestros talentos y habilidades en igualdad de condiciones que los demás, dando un propósito a nuestras vidas, aportando a la comunidad y haciendo de este mundo un lugar más hospitalario en el que la diversidad humana sea considerada un valor y no un problema.




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